Cuenta la leyenda que existió un héroe que no se permitía descanso alguno. En un tiempo donde la justicia es tomada por propias manos sin temor a nada. Un héroe temido por todos pero eficaz y decidido. No trabajaba gratis y por esa razón era temido, se recompensaba de maneras poco coherentes y en ocasiones (no siempre) surgía un valiente con toda la intención de vengar la manera de cobrarse las cosas de el charro bragao (el héroe o antihéroe). Este hombre no era cualquiera, simplemente era el "Tingas" Martinez y en aquellos tiempos del oeste, las cosas se arreglaban a balazos o a duelos, en pocas palabras era "la ley del más rápido, hábil y con suficientes pantalones".
El Charro Bragao Enfrenta al Tingas
El Charro Bragao iba a paso veloz encima de su caballo llevando al barbón en contra de su voluntad. Su única razón en la memoria era llegar y entregar, al fin que al que quería matar despiadadamente era al Tingas Martínez, justo como se dio a conocer en la primera entrega de esta aventura, y ya lo había hecho. Este barbón no merecía más balas gastadas según el Charro Bragao.
En el transcurso, el barbón no aguanto las ganas de picarle las costillas y el orgullo, al mismísimo Charro Bragao:
¡Oye pelmazo de mierda! ¿Estas contento porque lograste tu cometido? ¿Crees que todo ha llegado a un fin pleno y feliz para todos? – Le cuestiono burlonamente al Charro.
- Si, definitivamente he logrado mi cometido, basura. ¿Porque habría de pensar que no? ¿Quieres que te mate? ¿Es eso lo que quieres para que acabe con todo esto de una ves? ¿Esta es la razón por la que me estas queriendo hervir mi cerebro? – Le respondió contra-demandando una respuesta, con una doble intención de amenaza.
- Haces muchas preguntas charrito, jejeje, no vales madres cabrón. Yo solo te aseguro que al llegar al pueblo, te darás una idea, que tu intención no se cumplirá según tu esperas – Le fulmino terminantemente el barbón.
- Se que es lo que buscas, quieres hacer que reaccione violentamente y te parta en pedazos antes de llegar, haces bien porque tengo la sangre caliente, pero se esperar. Estarás hundido en esas cuatro paredes por un buen rato, cuando llegues a salir, entonces es cuando no duraras ni un minuto vivo afuera – sentencio el charro.
- Jejejeje, me das risa. Al llegar, los del pueblo impedirán que este encarcelado, eso te lo puedo firmar con una bala en tu cerebro jejeje – Sonriendo causo molestia al charro.
No insistió el Charro en el dime y respondo, solo le dio un fuerte golpe en la nuca para dejarlo dormido y terminar el camino a gusto con el caballo. Al ir sin molestias ocasionadas por el criminal que llevaba consigo, se puso a pensar en sus anteriores logros. Se sentía orgulloso de todo lo que daba y brindaba, no de manera que lo hiciera sentir omnipotente, más bien en sentido semi-humilde porque en parte también tenia algo crecido su autoestima.
Al poco después llego a su destino nuestro héroe de la historia, se encontraba en el pueblo al que habían robado estos malhechores, grupo encabezado por el Tingas. La gente sorprendida observaba sin poder entender dicha imagen, pero todos se veían felices con tal suceso. Un muchachillo corriendo entro a la comisaría para hacerle saber al sheriff que traían al malhechor. Enseguida salio, y acercándose al Charro Bragao le detuvo dándole las gracias, que les había traído la paz y agradecimiento, que estaban eternamente comprometidos con él. Entre cumplidos y ovaciones para el charro, el barbón se empezaba a mover, al grado que en unos segundos se tallaba los ojos poniéndose al tanto de donde estaba y conciente de todo. El Sheriff y toda la gente alrededor se llevaron una sorpresa y le hicieron saber al Charro que creían que le traían al Tingas Martínez muerto, para vengar el robo que habían hecho y las muertes que llevaron con ello, a lo que el Charro resulto mas sorprendido, ¿escuchaba bien? O se habían equivocado al mencionar al Tingas, ¡el estaba muerto! Se los hacía saber, pero ante la sonrisa del Tingas no se hizo esperar más y abrió la boca – Yo no soy uno más del grupo, soy el mismísimo Tingas, mi amigo te engaño bien. Nunca mataste al Tingas, entonces te digo ahora que no lograste tu cometido – y sonriendo fue interrumpido por el sheriff que le pidió que callara, que lo ahorcarían, que no estuviera tan feliz, que cualquier otro estaría encarcelado, pero el merecía la condena de muerte, mismo que fue interrumpido por el Charro quien le aplaudió dicha decisión.
El Tingas que sabia el temperamento del Charro, empezó a buscarle diciéndole en pocas palabras, de varias cosas que le dijo, que si le tenia miedo, que esa no era manera de acabar un trabajo, que el aseguraba que en un duelo, no tenia opción contra el, que era un gallina. Pasaron los segundos y cuando lo llevaban a encerrar para preparar la hora en la que seria sentenciado a muerte, ya fuera al día siguiente o en dos días, el Charro metió su cucharota y bocota, pinche Charro, ya lo iban a matar, para que seguía chingue y chingue, pero en fin, pidió que se cumpliera su ultimo deseo, que le otorgaran el duelo a muerte contra el Tingas, que si lograba matarlo, le dejaran salir del pueblo; claro esta que renegaron todos, que no, el sheriff decía que no podían tomar el riesgo, pero las palabras del Charro de que era imposible perder y que además le debían su petición por haberlo apresado, fue como les hizo ceder sin mucho gusto, pero claro, sabían que se libraban de todo el ritual de darle cuello. Se pacto enseguida dicho duelo y solo esperarían a que se les previera de una pistola con 3 balas a cada uno, caso que tenia tensos a todos en el pueblo, tres balas eran mucho riesgo para todo ciudadano ahí expuesto, pero como humanos al fin, tenían ese morbo de verlo morir de manera humillante.
El Charro Bragao le hablo al Tingas por el seudónimo de basura – Basura, prepárate porque no vivirás para seguir haciendo tonterías – El Tingas ahora no alardeaba, se notaba tenso. Ambos obtuvieron sus pistolas, un hombre les marcaba la distancia y mientras los colocaba el Tingas no dejo pasar una más de sus maldades, lanzo un balazo que le entro en su abdomen al pobre hombre que les indicaba las reglas. A lo que se volteo el Tingas y preparado para disparar, el Charro actúo rápido al igual y las balas salieron hacia la frente de cada uno, pero justo en dicho instante una paloma iba pasando entre ellos, ambas balas entraron en la desdichada, las balas salieron e igual buscando los verdaderos puntos, pero pasaron apenas muy cerca de ambos. Un segundo impulso y presión de ambos dedos, dejo salir un balazo, mismo que fue detenido entre las balas, iban tan a la par que la bala del Charro le dio a la del Tingas. Pinche suerte, no friegues, eso es digno para una película del Charrito de Roberto Gómez Bolaños, primero la paloma y ahora las balas se dan una a la otra, ¿que acaso el destino no quería muerto a ninguno?
El Tingas sonrío y le hizo saber que debían parar para cargar su revolver, necesitaba una más, a lo que el Charro respondió, que el había querido jugar sucio y casi mataba al buen hombre, quien incluso al estar grave, no se sabia si seguiría con vida, hasta quería pasarse de vivo disparándole a el antes de tiempo, que no tenia una tercera oportunidad, y sin miramientos le soltó por tercera ves un balazo de su revolver, mismo que aún con el intento de correr del Tingas, fue certero y al entrar a su corazón, este mismo dejo de palpitar. Tiempo después se cuestionaba que de no haber corrido el Tingas, quizá el balazo del Charro no hubiera sido mortífero, pero otros metiéndose más en dicha aventura, casi afirman sin pestañear que el Charro sabía que lo haría y así lo pensó, que es por eso que fue tan exacto, al final de cuentas lo importante es que le había dado y ya, que no joda esa gente.
El Charro Bragao había matado al Tingas y todo quedaba saldado, el pueblo tenia su venganza por las muertes ocasionadas por el grupo del Tingas y él mismo, pero esto no dejo del todo feliz al sheriff quien le hizo saber al Charro que era una estupidez la que les había hecho pasar a todos, que el tiro hiriendo al hombre que les decía las reglas podía haber muerto, solo por algo personal; que era un imprudente, que ya no le debían nada, que se largara del pueblo. Detalle que en lugar de molestar al Charro y decirles de cosas como siempre lo hacia, lo hizo cavilar y salir con la mente trabajando, pensando muchas cosas, pero al fin estaba libre para seguir peregrinando de pueblo en pueblo.
Luego, al pasar de los años se sabría que aquella reacción del sheriff era totalmente por conocer al Charro, que de haberle aplaudido, se volvería un visitante asiduo del pueblo y eso solo traería más problemas que paz. Ese Charro era todo un caso, entonces recordarían esto y nada más, el Charro era mejor visto desde lejos. El sheriff igual festejo aquel día con todo el pueblo.
El Tingas sabia mientras salía del pueblo, que llegarían más aventuras y eso le motivaba, quizá se cansara de no parar de encontrar maleantes, pero sus genes y sangre caliente disfrutaban a chorros estas búsquedas y lograr darles envestida.